Invierno 2014. Depresión. El muro, olvidado, acumula polvo en su otrora brillante acero inoxidable. Kilos de materia prima, apta para producir, aguardan pacientes que el letargo acabe. Botellas vacías se acumulan por doquier, en igual proporción que Arnolda gana espacio en su interior.
Las
existencias llegan al mínimo. Arácnidos de toda clase encuentran un ecosistema
óptimo. El acceso al área de maquinarias es una aventura no apta para temerosos.
El muro agoniza.
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| El Muro agoniza. ¿Walnuss también? |
Un extraño día primaveral, con temperaturas superiores a los
30 grados, en pleno invierno cruel y deprimente, los brewers se apiadan.
Maniobras de resucitación dejan la fábrica impecable, cual quirófano. Limpieza
y desinfección nunca jamás realizadas con tanto empeño. El Muro lanza una bocanada de vida. Resucita.
Respira. Y los brewers lo alimentan con agua, malta, lúpulo y levaduras. El
Muro esta vivo. El sueño no se acaba.
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| No está muerto quien pelea. |



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