martes, 21 de mayo de 2013

La mano invisible que guía el consorcio



Los engranajes del capitalismo salvaje son el nuevo motor impulsor del consorcio cervecero. El leit motiv que los lleva al drástico cambio es la necesidad de financiarse para que el ‘hobby’ se autosustente. Ya sin la piedra en el zapato que significaba Puppe, la era comercial da sus primeros pasos.


Definitivamente decididos a volcarse al mercado, se revela la necesidad de incurrir en nuevas inversiones, previo comenzar con la venta de un nuevo lote de producción.

Presionados por la falta de insumos clave, prontamente chocan con la realidad del Mercado: no hay lugar para favores, amiguismos ni excepciones. Hay que adecuarse a lo que el mercado ofrece, ya que éste no se adapta a las necesidades individuales de cada uno.

Es así que incurren en una gran inversión, adquiriendo un pallet de botellas, ante la negativa del proveedor de vender en menor cantidad.

El poder de negociación con que cuentan en estas primeras instancias es muy limitado, en virtud del nulo apalancamiento con que cuentan financiera y económicamente. Mano brava en los albores de la comercialización.

Sumidos a la merced de los mercenarios, entienden la estacionalidad de estas espinas que se atraviesan en el camino: cuando sean grandes, la mano estará de este lado, y serán los proveedores quienes se prostituyan para ser parte de esta historia.

Intertanto, como si no bastaran los sinsabores mercantiles, en el seno de los brewers se transparentan dos nuevos alejamientos. Los hermanos Verlost Zaratten: Rodderick von Schurke y William Freizeitwaren, dan un paso al costado, por diversos motivos personales, deportivos y laborales.

Pero los brewers no se amilanan. Aunque no excede del plano imaginativo, planifican el alquiler de un cuarto contiguo al muro, y la contratación de un pasante dispuesto a hacer carrera en la corporación.

Un nuevo desafío avizora en el horizonte: la capacidad productiva ha llegado a su techo. Nuevas inversiones son necesarias, para acompañar el crecimiento que el mercado impone…





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